yo y mi bike
El sábado no desperté debido a que mi cuerpo había completado sus 8 horas de sueño, sino por un infernal despertador, que a las 9 de la mañana comenzó a sonar, repitiéndose cada 5 minutos, al cual finalmente logré silenciarlo a las 9.20 AM.
Por qué se preguntarán, si estamos en mes de febrero, vacaciones, descanso… Pues no, había tomado la decisión de agarrar mi bike y recorrer los lugares de mi capital más concurridos por los ciclistas. Debo reconocer que en comienzo dudé de mi propuesta, pero me terminé de convencer cuando me acordé que ese día venían a las 9.30 AM los técnicos de ADT a instalar el sistema de alarmas en mi casa y preferí escapar de tan molesta situación, aunque no lo hice pensando en discriminar a la gente, sino que me sentía invadida.
Bueno, logré despegarme de las sábanas, me di un refresco en la ducha, me coloqué mi tenida deportiva, luego alimenté a mis canes y junto a mi madre me dirigí rumbo a Plaza Ñuñoa a buscar mi transporte.
Lamentablemente no alcancé a escapar del calor, pues ya eran las 10.45 cuando llegué a la plaza. Pensé en un momento de tener compañía masculina, pero por no despertar al susodicho y pensar que sus piernas se encontrarían muy cansadas después de haber ido el día anterior a su IAIDO, preferí asumir sola aquel desafío y vencer el miedo de estar sola en las alturas del san Cristóbal (tampoco me resulto otro intento).
Fue una ida tranquila, y cada vez que me acercaba a la entrada de pedro de valdivia me encontraba con más ciclistas, los que me sacaban pica, mostrando sus enormes bicicletas y cuerpos esculturales. Como aquella niña que estuvo viajando 10 cuadras al lado mío, que tenía un cuerpo envidiable y cuando comenzamos a subir, a los 2 minutos ella ya había llegado al jardín japonés, y yo, apenas en la primera curva.
Lenta, pero segura continúo la travesía, fui observando todos los rincones, vi una feria de artesanía instalada cerca del jardín Mapulemu, la cual decidí pasar a la bajada, para no perder el ritmo.
A la hora de viaje ya me encontraba exhausta, pero con ansias de llegar a la meta y pensando que nada es tan terrible como subir Arrieta desde rió claro hasta Álvaro casanova, y si ya lo había podido hacer dos veces sin parar, esto también.
No miré el reloj cuando llegué, pero sentí que no me había demorado tanto, y logré dejar atrás a ciclistas que eran un poco menos expertos que yo (uno se siente mejor), pero todo esa alegría que sentía se me desmoronó cuando vi nuevamente aquella niña que subió junto a mi, pero la diferencia es que ella iba de bajada, sin rostro de cansancio, l oque indicaba que mínimo había tenido 20 minutas de relax. Para remediarlo, pensé que ella era deportista profesional y subía el cerro 2 veces por semana como mínimo.
Al llegar, pensé en disfrutar un rico mote con huesillos, el clásico de los extranjeros y ciclistas y que fue bebida que probé la primera vez que fui con mi amigo Tino. Mi estómago lo sentía tan pesado, que decidí solo tomar un jugo de frutilla y sentarme a descansar y ver como los gringos compraban souverniers.
De bajada, cumplí mi promesa de pasar a la feria. Pequeña y con objetos comunes. Si encontré interesantes las pipas de agua y me compré unos aritos de coco.
Fui a ver si podía acceder al jardín, pero no se podía ingresar con bicis. Me pareció divertido que cuando me encontraba ahí, unos gringos preguntaron, con cierta dificultad “Para entrar hay que pagar”, y cuando les respondieron que era gratis el ingreso, miraron con cara de asombro. Los pobres están tan acostumbrados a que por ver una hormiga chilena les cobren, esto era realmente inaudito.
Llegue a la entrada, agradeciendo por el grato viaje, y cuando estaba llegando a santa maría, vi una cara familiar, la Margarita Haebig, amiga de la lolo. Estuvimos comentando las subidas al cerro, las tesis, trabajos y me recomendó que viera trabajo en clínicas, part-time. Después de prometerle que iba a convencer a mi hermana que subiera conmigo, nos despedimos y cada uno a su casa… eso si, yo terminé mi viaje en micro. Al final de la tarde conocí puente alto, ya que tuve que ir a visitar a la Tere que estuvo de cumple el 23, al igual que mi primo. Una tranquila tarde, con su familia y animales varios.
Termino esto diciendo que el domingo volveré a encontrarme en el interior del cerro, esta vez, con compañía.

0 Comments:
Post a Comment
<< Home