Wednesday, March 01, 2006

Accidente del 4 de Agosto 2004


Un poco atrasado, pero es algo que no quiero olvidar.

2:14 AM
He vuelto después de un largo viaje al terminal de Buses del Metro U. de Santiago a dejar a la Dovi.
Todo indicaba un día normal de lluvia invernal, con los típicos problemas de salpique de agua y hoyos en las calles, que dejan uno que otro problema en los neumáticos y cuellos de los ocupantes del automóvil.
Primero, una parada rauda en el super para comprar un cable que la Jim necesitaba para conectar el video en su pieza. Luego, la segunda parada en el cine Hoyts, para recoger a Ricardo, un poco molesto, porque tuvo un descuadre en la caja de $1.000, pero el resto, normal, alegre como siempre.
Así todos a bordo (Jim. Momo, Richi, Dovi, Yo) emprendimos un viaje tranquilo y rápido a la Alameda.
La Dovi compró el pasaje y luego esperamos que llegara el Bus y estuviera a bordo (para asegurarnos que se fuera a Concepción)
Como se demoró en partir (lástima) esperamos afuera conversando y ella molestándome as always. Se nos acercó un viejito a pedirnos monedas, le di solo $10, pues no estaba dispuesta a malgastar mi poco sencillo que tengo para la micro y pagar escolar. El señor dijo algunos chistes y se marchó, demostrando que su condición de vagabundo no lo deprimía y tampoco le incomodaba.
Al subirse la Paula al bus, nos dirigimos rápidamente al auto. Yo no sentía los dedos de mis pies. Al subirnos, me retiré los zapatos para frotarme los pies y dedos y así me circulara un poco la sangre.
Salimos tranquilamente en dirección a la Alameda Oriente. El copiloto cambiaba la radio, no encontrando nada muy bueno, excepto por “Easy” de “Faith no more”. Al terminarse el tema, Ricardo colocó un CD de Megadeth. Tocó el primer tema y sin percatarme de nada escucho que grita ¡¡¡cuidado!!! Y segundos después un cuerpo cae encima del parabrisas, rompiéndolo, y luego al suelo
Yo creo que estaba blanca. Miro a la Jime que se encontraba paralizada y sin saber que hacer, junto con la rabia e impotencia que significa atropellar a alguien y el daño del auto.
Los dos hombres se bajan a verlo, yo pensando que estaba muerto, pero logró caminar.
Estuvimos un rato esperando que llegaran los carabineros. Al llegar, revisaron os documentos, que por suerte se encontraban todos al día. Con la Jim nos fuimos en la cuca de los carabineros junto con el accidentado a la posta, repitiendo constantemente “perdón, disculpa, sé que fue mi culpa”. La Jime contuvo la cordura, pero si insinuó que eso n arreglaría el parabrisas.
En la posta a la JIm le tomaron los datos, al igual que al individuo en cuestión, procediendo finalmente a la toma de sangre (por suerte que no había bebido ni una gota de alcohol).
Durante ese tiempo de espera, estuve sentada viendo gente que ingresaba a la sala, con diversas contusiones, vagabundos que dormían, un viejito que escupía en el suelo. Aproveché de llamar a mi casa y al Santiago para saber como iba su situación con el automóvil. Me gasté alrededor de $1.000 en llamadas, más los otros mil que doné para la grúa que tuvo que ir a buscar el toco.
Cuando salió del examen, los carabineros nos llevaron a la comisaría donde dejaron el auto y los niños. Se pudo retirar el auto, lástima que tuvo que manejar a la “Ace Ventura”, con la cabeza fuera, pues el daño del parabrisas no permitía ver con claridad. Llegamos a eso de las 2.30 sanos y salvos a nuestro hogar.
Pero yo me pregunto... ¿¿Por qué nos pasan desgracias cuando vamos a buscar o a dejar a la Dovi al terminal?? .Aun recuerdo aquella noche que nos sacaron EL PARTE por quedarnos pésimamente mal estacionadas, y aún así no nos encontramos con ella.

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